lunes, 1 de marzo de 2010

Hoy los arboles no entienden,
el viento que sopla no agita sus ramas.
Es como una lengua muerta,
de la cual solo es conocedor
un hombre sin lengua.
Un hombre con miedo,
un hombre más bien niño,
acostumbrado a balbucear ante lo desconocido
un niño, que respetó la naturaleza,
pero no comprendió la forma de respetar de esta.
Y tachó al cosmos de madrastra,
de furcia pendenciera caótica.
No tuvo en cuenta la ironía del destino
Y creyó que, todas las pisadas de todos los caminos
eran de sus pies, que sin haber sudado, el mar estaba hecho de su sudor
y que cuando le picaba la coronilla, podía utilizar el cielo para rascársela.
Entre ángulos y aristas existe un fruto con el que el niño quiere jugar,
pero el hombre sabe que con la comida no se juega.
El hombre dijo, soy más que tu
El niño respondió, nada es más que yo
Eso intento ser…nada

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